DIRECCIÓN Y DRAMATURGIA

¿Y quién c*** soy yo ?

Mujer al Mando: Mi Lucha con el Miedo

“¿No confiamos en nosotros mismos? No importa: confiemos en lo que podemos convertirnos”. Charles Pépin

De pequeña, el término ‘mandona’ se me marcó en la frente. Ese adjetivo tan amigable me lo regaló  una sola persona que, en ese entonces, era todo un mundo para mí. 

–No llames la atención– me decía y repetía antes de empezar el curso escolar.

Sin embargo, la niña salió artista. ¡Sorry not sorry :)!


Recuerdo con claridad los recreos de la escuela: montábamos coreografías, obras de teatro improvisadas, hasta los amigos de mis padres nos daban dinero cuando venían a casa.

Siendo hija única, a menudo montaba escenas con seres imaginarios, “hablaba sola” por los codos, y jugaba a ser todo aquello imaginable en la mente de una niña que tenía toda una página en blanco por llenar.


A los diez años, comencé a escribir diariamente, posiblemente inspirada por mi psicólogo de ese momento. Sin embargo, más tarde, durante el bachillerato en artes escénicas, experimenté una desconexión con la literatura.

Dejé de escribir porque me veía obligada a leer mucho, y las lecturas obligatorias generaron un rechazo en mi. Mi dificultad para conectar con las historias, también influenciada por mi diagnóstico de TDH, contribuyó bastante.

Explorar el feminismo fue revelador. Al descubrir autoras, guionistas y directoras, comprendí que mi verdadera pasión era contar historias. Me di cuenta de que era posible. Cada vez que veía o leía algo y descubría que el nombre que había detrás era el de una mujer, algo emocionante despertaba en mi.

Este proceso me introdujo a diversas creadoras multidisciplinares, haciendo que todo cobrara sentido de repente. Ahí estaba el quid de la cuestión: No era falta de interés en la lectura, el cine o el arte en sí, sino la dificultad de conectar con historias y personajes ajenos a mi realidad.

Referentes femeninos: Kate Tempest, Caryl Churchill, Virginia Woolf, Lena Dunham, Phoebe Waller-Bridge, Greta Gerwig, Pilar Palomero, Iciar Bollaín, Michaela Coel, Chloé Zhao, Marina Abramovich, Won-Pyung Sohn.

Me di cuenta de que, a pesar de dedicarme a actuar, mi verdadera pasión era contar historias. Con el tiempo, descubrí que las expectativas para las mujeres, sobre todo en el mundo de la imagen, eran limitadas, reduciéndose a ser guapas, agradables y sumisas.

Mostrar seguridad llevaba a estereotipos como ser creída o mandona, mientras que la observación era interpretada como inseguridad y el enojo como exageración o histeria, según la perspectiva de Freud.


Durante la pandemia, reflexioné sobre mi círculo cercano, especialmente en las relaciones femeninas, y cómo estas influían en mi conducta. Tomé conciencia de la profunda influencia que mi madre ha tenido y sigue teniendo en mi vida. Este proceso avivó mi interés por la dramaturgia y la escritura, culminando en la creación de mi obra teatral “La Buena Hija”.

Actualmente, estudio traducción y me sumerjo en la escritura, explorando territorios desconocidos como la dramaturgia.