MONÓLOGOS

A veces, cuando se me enciende la bombilla o se me apagan las ganas de sociabilizar, escribo. Los siguientes monólogos están inspirados en mi propia experiencia.

“Si no cuentas tu propia verdad, no puedes contar la de los demás”. Virginia Woolf.

RECONECTAR

“¿Te suena familiar? No somos máquinas, aunque nos empeñemos en lo contrario. Somos personas con nuestros altos y bajos, con nuestras habilidades y necesidades. Buscamos la calidad en lo que hacemos, pero ¿cómo podemos lograr algo de calidad si solo nos preocupa terminarlo lo antes posible? Tenemos tanta prisa, tanta necesidad de terminar, que nos perdemos el disfrute del proceso. Estamos tan enfocados en nuestra meta, que nos perdemos todo lo demás. Nos perdemos el tiempo. Vivimos como sombras de nuestro pasado y espectros de nuestro futuro. Necesitamos detenernos y ver la realidad tal cual es: compleja y con su propio ritmo. Estamos desconectados de lo que nos rodea. Estamos en nuestras mentes, en nuestros teléfonos, en nuestras pantallas. Necesitamos desconectar para reconectar. Necesitamos recordar que no somos máquinas.”


ERAN OTROS TIEMPOS Y OTRAS MUJERES
  • “Estáis muy perdidas. En mi época todo era mucho más sencillo, no como ahora con todas estas moderneces de las relaciones abiertas y el poli amor… A ver, que si los chicos no os dan bola es porque no les interesáis. Para ellos hay dos tipos de chicas: con las que se acuestan y con las que se casan. Si queréis que esos chicos os respeten, tenéis que haceros respetar y no acabar en sus camas a la primera de cambio. ¿Qué? ¿Me equivoco? Mirad, yo llevo veinte años con mi marido y soy la mujer más feliz del mundo. No, nunca he tenido ningún desliz. Madre mía… Hoy día parece que el sexo lo es todo. ¿No seréis un poco promiscuas? ¿Qué? No me miréis así. El sexo sin amor no tiene sentido. Sí, sí… Yo sigo igual de enamorada que el primer día. Cada vez que lo veo, siento mariposas. Lo digo de corazón. Vosotras lo que necesitáis es daros cuenta de las cosas… Los hombres quieren ser cuidados, no que los tratemos como trozos de carne. ¿Sus madres? ¿Qué tendrá que ver? Chicas no os portéis como unas fulanas y haceros respetar. Bueno, me voy que me espera mi marido. ¡Hacedme caso!”

HARTAS

“¿Cuánto aguantamos en silencio las mujeres? Construir nuestra identidad nos cuesta más años de vida que todo el trabajo de Dios.

Somos sensibles, frágiles, vulnerables. Somos víctimas. Somos quejicas, Somos unas pesadas, unas histéricas. No. Somos poderosas, indestructibles, independientes. Somos heroínas. Somos egocéntricas. Somos unas creídas. Somos femme fatales. Nos sexualizamos. Nos maquillamos porque somos poco naturales. Porque somos vulgares. No. Nos depilamos porque somos poco feministas. No. No lo hacemos porque todo nos da igual, porque somos asexuales. Porque somos unas frígidas. No. Unas feminazis porque odiamos a los hombres. Porque estamos reprimidas. Nos dejamos los pelos porque somos unas marimachos. No. Tenemos pareja monógama a los 30 porque somos unas básicas normativas. No tenemos porque somos unas solteronas y vamos de modernas. No. Trabajamos para nosotras porque somos unas emprendedoras privilegiadas. Porque seguro que hemos comido p***. No. Trabajamos para otros porque somos del montón y no tenemos iniciativa. Tenemos hijos porque somos lo que se espera de nosotras, porque nuestra naturaleza nos lo pide. No. No tenemos hijos porque tenemos un problema, tenemos traumas infantiles o solo pensamos en nosotras y en el dinero. No. Estamos delgadas porque deberíamos engordar. Estamos gordas porque deberíamos adelgazar. No. Ligamos mucho porque somos unas promiscuas. No lo hacemos porque somos unas monjas. ¡No, no y no! BASTA. Y así sigue el bucle interminable que corrompe nuestra identidad y que nos hace creer que nunca seremos suficientes”.



QUE DIOS LA AYUDE

“Hoy Mel me ha dicho que cree ser lesbiana. Al principio me ha dicho que no está segura de nada, pero al ver que no la juzgaba, se ha abierto y me lo ha confesado. Me lo ha contado con cierto temor. Al principio no sabía si estaba intentando confesar su amor por mí. Me ha explicado cómo es su vida y su familia. ¡Qué estúpida! Pensar que si una chica lesbiana intenta abrirse conmigo ya es porque le gusto… ¿Seré yo homófoba también? En fin… Yo que pensaba que mi vida era complicada… Se ve que su madre le dijo que prefería que su hija trajera a un musulmán que a otra chica a casa. Dice que si se enterara, no se lo perdonaría en la vida y que sus padres la llevaron hace poco a una manifestación contra el matrimonio homosexual. Me pidió que no se lo contara a nadie. Creo que soy la primera a quien se lo cuenta. A veces olvido que hay gente que tiene una visión tan cerrada de la vida… Dice que el feminismo la ayuda a despertarse por las mañanas y que gracias a él tuvo el coraje de decirle a su madre que ya no iría a misa. Yo a veces he querido creer. Una vez, cuando estuve muy muy mal, recé. No te rías. ¿Sabes lo necesario que es a veces? Pensar que jamás estás sola… Si Dios existe, le pido que la ayude”.


CALLADITA ESTÁ MÁS GUAPA

“Me cansa pensar tanto. Tengo una mente sobre estimulada y eso que solo me tomo un café al día. Bueno, a veces dos. Ya sé lo que vas a decir, pero espera. ¿Sabes que esta es la primera vez en todo el día que digo más de cinco frases seguidas? ¿Qué? Oye, que te lo digo en serio. Bueno, ya… Ya sé que me paso los días sola estudiando pero… Bueno, da igual. Ya sé que no has dicho nada, pero lo leo en tu mirada. A ver, es que esto viene porque he decidido hacer eso que llaman “escucha activa” No creo que te suene. (Pausa) ¿Oye, vas a salir? (la otra le responde que sí) Ah, vale, vale. Pues eso… Cuando cocino me pongo charlas de Ted Talks. Son unos podcasts donde…(la otra le corta, diciéndole que ya lo conoce) Perdón, pensaba que no lo conocías. Bueno, pues una tia experta en la escucha hablaba sobre la escucha activa. Está la activa y la pasiva, ¿sabes? ¿Cómo que qué? Ves, no me estás escuchando. Ay, espera que contesto a este WhatsApp. (Escribe rápidamente) Vale, ¿qué estaba diciendo? Que muchas veces no es necesario hablar. La simple compañía ya debería de bastar. Me ha quedado bonito y todo. Además, la gente está más guapa sin decir nada, ¿no crees? (Pausa. Se da cuenta de que lleva un rato hablando sola) ¿Hola?”.


LA AUXILIAR DE ENFERMERÍA

“Bon dia, guapa. Soy la Laura. (no la oye bien) LA LAURA, Pepita. Nos tomamos la medicación y ya estamos, ¿vale? ¡Que me han dicho que te vas hoy mismo! ¡Qué lástima! Con lo bien que nos llevamos tú y yo. Sí, nos conocemos de hace un tiempecillo ya. Mujer, es normal… ¡Si es que somos mucha gente en este mundo! (Le coge suavemente de la mano) Qué bonitas las tienes. Pues seguramente te las haya pintado tu amiga que vino a verte ayer. Sí, una amiga tuya muy simpática. María, creo que se llama. ¿Cómo? No, tu hija se llama Cristina. Sí, Cristina. No… La Lolita no. (dirigiéndose a Lolita que está en la cama de al lado, escuchando). Lola guapa, no te preocupes que ahora te traen el desayuno, ¿vale? ¿Qué el teu fill ve demà? Qué guay, no? (se ríe) Sí, es guapo, sí. Pero cielo, yo ya tengo novio. Ay… ¡Tú sí que eres guapa! Sí, hace tiempo ya… Bueno, chicas os dejo que ahora me toca desayunar a mí y solo me dan media horita. (les lanza unos besos) Ale, ¡adéu!”


LAS DE TELETIENDA SI QUE SABEN

“Si soy capaz de vender un boli-silbato, seré capaz de cualquier cosa. Piénsalo. ¿Tú crees que alguien necesita un guante pelador de patatas? ¿Le va a hacer la exfoliación al tubérculo? ¿Y quién necesita una Batamanta? ¡Nadie! La gente compra por comprar. ¿Quieres ser una gran negociadora? Entonces aprende de las actrices de la Teletienda. ¡Esa es la clave de que el negocio funcione! ¡No esperes más! Por tu primera compra te regalamos un par de mocasines más feos que un mono narigudo y que, seguramente, acabes dándoselos a tu prima que ves una vez al año por Navidad”. (Pausa) Claramente no diría eso. Les vendería la moto, el coche y la casa entera con una sonrisa de oreja a oreja. Aquellas personas tendrán el privilegio de poseer unos mocasines únicos, cómodos, con efecto hibernadero, impermeables, ajustables, de gama alta y además en oferta. El mismísimo Doctor Gadget vendería su alma por hacerse con un par”.


EL PROBLEMA DE MERCEDES

“¡Pasa, pasa! Aquí todas se sienten como en su casa. Ya verás como tú también. Solo tenemos que relajarnos y conocernos mejor. ¿Te molesta si pongo música? (la pone) Me recuerdas a una de esas actrices de los años cincuenta. Ya te lo han dicho antes, ¿verdad? ¡Pero no te quedes ahí parada, mujer! ¿Quieres sentarte? (empieza a acomodar el lugar) Se nota que tú vienes de otro lugar. Eres calladita, cierto? (No la deja hablar) Ay, chica… Mejor. No sabes el martirio que me han dado los diez años de peluquería… Debo confesar que eres la primera que no conocía de antes. Es que estoy empezando y ya te puedes imaginar… Esto de montar un negocio sola tiene lo suyo. (se pone crema en las manos y cambia la luz a una mucho más tenue). Tú tranquila, mujer. No eres la primera que viene a mi consulta por problemas de marido. (Silencio. Mercedes mira a todos lados, confundida. Se dirige a la puerta) ¿Pasa algo? Pero… ¿Pero a dónde vas? ¡Espera! (la coge fuerte por los hombros) No quería asustarte… Tú has venido aquí por algo. (Mercedes intenta hablar, pero ella no la deja) Tu problema no está ahí arriba, sino… Ahí debajo. (señalando su pelvis). (Silencio. La mujer le dice que es agente de seguros y que está pasando por todo el edificio para ofrecer sus productos). Vaya, cuanto lo siento… Ya tengo la casa asegurada y no queremos cambiar”.


¿CÓMO QUE SEÑORA?

“Ayer me crucé al nuevo inquilino de la puerta de enfrente. Menudo personaje… Iba yo cargada con las bolsas de la compra sin prestar mucha atención a lo que hacía, ya sabes, pensando en mis cosas, cuando de repente escucho (imitándole): “¿Le ayudo, señora?” Miré a mi alrededor a ver a quién le hablaba y entonces me di cuenta. ¿Señora? ¿YO? Me parece increíble que a mis veintiocho años me llamen señora. ¿Acaso parece que haya pasado por un matrimonio, un bebé, o que lleve una vida estable, digna y presentable? ¡Por favor! ¡Si sigo de alquiler y compartiendo piso! Y no tengo ni una arruga. Bueno… Ya llevaré unas cinco canas”.


PSICOPATA VIRTUAL

“Siempre me han gustado las redes sociales, en serio. Leer los comentarios, escribir otros… Es genial para interactuar con personas. ¿No es eso para lo que hemos venido a este mundo? Aunque algunos trolls hijos de puta merecen morir. ¿Qué culpa tiene esa pobre gente de ser unos miserables y de vivir vidas mediocres en las que lo único emocionante que les puede llegar a ocurrir es el humillar a los demás a través de cuentas falsas? ¿Qué culpa tienen de que sea tan fácil insultar a alguien sin recibir una ostia a cambio? ¡Ninguna! Me gustan las redes sociales, en serio. Lo llevo bastante bien. Bueno, cuando no lo llevo mal. Este mes solo me he borrado la cuenta dos veces. Mi amiga Carol suele pasarme vídeos de perritos por Inbox y no quiero hacerle ghosting así que he decidido darle otra oportunidad a Instagram. Por cierto, creo que mi algoritmo está jodido porque solo me aparecen publicaciones de autoayuda”.



BÁSICA Y TRANSGRESORA

“Lo transgresor se ha vuelto algo accesorio. Ya no sabemos qué hacer para llamar la atención, para salirnos de la norma y parecer diferentes, especiales, únicos. Estoy cansada de tanta tontería. ¿Sabes que hay gente capaz de mantenerse 24 horas despierta en un video en directo con tal de ganar pasta? ¿Cómo puedo hacerme notar entre tanta gente que quiere hacerse notar? Venga, ¡voy a hacer algo rompedor! Voy a comerme un tarro entero de canela. Joder, ¿sabes qué me parece realmente transgresor? Vivir una puta vida corriente y ser una persona básica”.




QUIZÁS, QUIZÁS Y NUNCA MÁS

“Me puse triste al pensar en todo lo que no llegamos a hacer juntos. No, espera. Muchas veces me he preguntado si esto que siento por ti es recíproco o si soy yo la que está imaginando cosas. Quizás esto es lo que tiene que pasar, y cuando nos vayamos cada uno seguirá su camino como si nada. Yo sé que te voy a echar de menos porque ya lo hago y ni te has ido todavía. Ayer por la noche me puse a llorar recordando los momentos vividos, sabiendo que no se volverán a repetir. Eres un amor que se quedará en el “Y si…” Quizás si no hubiese pasado esto… o si hubiera pasado lo otro… Quizás, quizás, quizás… Quién sabe. Estos amores son los que te dejan con mal sabor de boca y con la cabeza dando vueltas cuál peonza. (pausa) No espero que digas nada porque ni yo me entiendo. Me voy a dormir… Buenas noches“.



LA GRAN INFLUENCER

“Lo siento, pero yo no quiero ser influencer, ese no es mi oficio. No quiero entretener ni hacer perder el tiempo a nadie, sino crear algo que realmente considere importante, sin importar los likes o los followers que pueda acumular. Tenemos que ayudarnos. Las personas somos así. No somos segundos de contenido vacío reproducido a x2. Queremos hacer felices a los demás, no recordarles continuamente lo felices que somos comiendo sushi, o estando de risitas en la playa. No queremos odiar ni despreciar a nadie. En este mundo hay sitio para todas, pero en tu pantalla solo lo hay para tu algoritmo. ¡La tecnología es rica y puede hacernos perder el norte! ¿No lo ves?”


ESCRIBIR MAL

“Quiero escribir mierda, no “muerda”. Muerda es lo que quiere el autocorrector. Yo quiero escribir MIERDA en mayúsculas, sin censura, de la que huele mal. De la que: ¿Cómo puedes decir eso? De la que todos piensan, pero nadie se atreve a expresar. Porque llevo un tapón en el culo que me impide respirar. Todo se queda estancado, encerrado en mi cabeza. Necesita salir, volar, soltar. Necesito escupir, llenarlo todo de babas. Llevo tanto dentro que mis gases se asustan de ellos mismos. Ya no aguanto más. Quiero escribir sin preocuparme; retomar lo que realmente es la escritura: una forma honesta de sacar lo que llevo dentro, de ponerle palabras y darle un sentido. Ya no me muerdo los labios. Ya no quiero morder. Quiero cagarme en todo y dejarlo escrito para la inmortalidad. No quiero escribir bien. ¿Qué cojones quiere decir escribir bien? A la mierda la muerda del autocorrector”.

HERMANAS

“Me niego a ser como ella. Siento que a medida que me hago mayor me voy pareciendo más a mi hermana. Jamás he sabido lo que realmente piensa de… de nada en general. No, no ha pasado nada… No nos hemos enfadado ni nada, pero es que a eso voy. Jamás hemos tenido ningún tipo de conflicto y no es porque todo nos parezca bien, sino porque a ella todo le da igual. Al menos eso parece. Muchas veces la he necesitado y no ha estado ahí y ahora que mamá se ha ido… Me duele decirlo, pero siento que ya me da igual que no esté. ¿Me estoy convirtiendo en mi hermana? ¿Por qué no consigo llorar? Estoy cansada de que me miren con lástima. Me recuerdan lo mal que debería de estar. ¿Hablar con ella? ¿Para qué? Llevamos media vida sin escucharnos, ¿por qué deberíamos hacerlo ahora? Ella está la mar de feliz con su vida perfecta y yo… Yo sigo aquí”.



A LOS DIECIOCHO ME LARGO

“Me gustaría ser más fuerte. Me gustaría sentirme orgullosa de mí misma y de mis decisiones. ¿Pero cómo? Nada de lo que hago es suficiente. Sueña alto nos dicen… Claro, sueña alto pero lo justo. Solía soñar despierta cuando era pequeña. Soñar era mi puerta de escape. Ahora ya no sueño nunca, ni dormida, ni despierta. Solo unas pocas privilegiadas pueden permitírselo. Yo no tengo tiempo para sueños. La vida tampoco tendría sentido si nos pasáramos el día soñando, ¿verdad? En algún momento hay que hacer algo. Mucho libro del Secreto, muchos recortes en la nevera y luego… ¿Y luego qué? Nada. Todo el día en el sofá esperando a que caiga un milagro mientras yo y mis hermanos hacemos malabares para traer dinero a casa. Pero esto se ha acabado… Cuando cumpla los dieciocho nos largamos”.


FLUIMOS Y VEMOS

“¡Claro que somos amigos! Si yo no soy como esas chicas con sentimientos a flor de piel, que después de tres citas ya se imaginan cosas románticas de película, y que luego no consiguen dormir por las noches. ¡Qué va, hombre! Si yo estoy la mar de bien sola. Es más, creo que me he vuelto insensible. No, en serio.  Me encanta el sexo y tal, pero ya está. ¿Para qué tanto lío? Que si quieres quedamos, follamos, pasamos el día juntos y ya. Si luego quieres volver a hacerlo, hacerme sentir especial y tal, pues estupendo también. ¡Como si quieres cogerme de la mano por la calle y escribirme poemas, no hay ningún problema! (Pausa) A ver, no me mires así, que tampoco te estoy pidiendo matrimonio. No creas que voy a hacerme ilusiones de ningún tipo, ¿vale? Yo no espero nada de nadie, así que chill. Fluimos y ya está. Sí, claro que estoy bien, ¿por qué no iba a estarlo? Yo estoy encanta de que fluyamos y estoy totalmente a favor de no poner etiquetas. (Pausa) Por eso creo que como buenos… amigos que somos, tenemos que respetar nuestros tiempos y espacio y no hablarnos durante… No sé… ¿Unos meses? Bueno, tú no te preocupes que en todo caso ya te llamaré yo, ¿vale? Sí, sí, todo bien. Ale, ¡adiós!”


MUCHA CONCIENCIA Y POCA LIBERTAD

“Hoy día hay que saber de todo, siempre. ¿No sabes algo? Búscalo en Google. Infórmate, pero con cuidado. Si te quejas u opinas de algo, que no parezca que te afecte demasiado. Sobre todo no hables de lo que no habla nadie. Mejor no opines de… De nada, básicamente. Sobre todo por internet. No dejes que nada ni nadie te ofenda, no seas de cristal. Si defiendes algo, hazlo siempre. Si eres pobre, no defiendas nada, porque te saldrá caro. Sé eco, sé friendly. Compra a granel. Las botellas siempre de cristal, que pesen. Di adiós al plástico. ¿Qué haces comprando fruta envasada? ¿No defendías el medio ambiente? Ese comentario es racista, sexista, homófobo, muy de los 2000. Mierda, no sé qué pronombre usar. ¿Será chico, chica, chique? Joder, ¿soy transfoba? Critico el “Fast fashion” y ahora no pueden verme con esos pantalones de Inditex. ¿Sabes que esa canción que me gusta tanto fue escrita por un acosador? A este paso me borro Spotify. No puedo seguir usando la chaqueta de cuero de mi padre si me considero animalista, ¿o sí? Yo que sé. Mierda, hoy he comido pescado, de piscifactoría. He dejado en visto a Pepito. ¿Seré tóxica? No soporto a Pepa y es mujer. ¿Estoy cagándome en la sororidad? Ahora todas debemos llevarnos bien, aunque nos caigamos mal. ¿Me criticarán como a Shakira? Tanta rallada por no poder contradecirme me parece antinatural. Antes que nada soy persona y muchas veces no sé ni lo que hago”.